La propuesta de reforma de 40 horas y el nuevo aumento al salario mínimo impulsados por MORENA las presentan como conquistas históricas. Bajo el triunfalismo oficialista pretenden ocultar una reforma de 40 horas limitada, diluida y negociada con la burguesía nacional, transnacional y con el charrismo sindical. No contemplan las necesidades reales de la clase trabajadora. México ante su dependencia económica frente al imperialismo la conciliación de clases no amplía derechos: administran para garantizar la ganancia del capital.
Reforma laboral de 40 horas
La reforma propuesta en la bancada de MORENA y coordinada por Ricardo Monreal (aliado de Predo Haces de la CATEM) nace diluida y condicionada: aplicación gradual hasta el 2030, omisión del descanso de 2 días por 5 de trabajo, excepciones por sector (no contempla al sector informal), negociación con la la burguesía nacional y transnacional en términos de no bajar la productividad, así como, acuerdos con el charrismo sindical de confederaciones que buscan sostener sus privilegios a costa de la explotación (CATEM y CTM).
¿Quién gana así? Un sector minoritario del trabajo formal, es decir menos de 40% de la clase trabajadora. ¿Quién queda fuera? La mayoría de la clase trabajadora precarizada: subcontratados, informales, trabajadores de plataformas, del comercio y del campo, principalmente jornaleros. Peor aún, sin control obrero, la reducción de la jornada legal puede traducirse en más intensidad del trabajo, es decir, aumento de la jornada en 10 o 12 horas por día para satisfacer la cuota de producción en menos días, así como metas más altas y el mismo salario miserable. ¡Una reforma de reducción de la jornada laboral sin el control de la producción se traduce en explotación regulada a beneficio del capital!
No estamos ante una conquista general, sino ante una reforma compatible con la tasa de ganancia que la burguesía nacional y extranjera requiere y que las burocracias y el charrismo sindical necesitan para perpetuar sus privilegios a costa de la explotación de la inmensa mayoría de los trabajadores. ¡Los obreros y los jornaleros pueden conquistar directamente las 40 horas con dos días de descanso y sin reducción salarial a través de la huelga general como instrumento de clase! Las reformas no únicamente deben legislarse, sin organización de la clase trabajadora no podemos conquistar una escala móvil de salarios y de horas de trabajo, que implique la reducción y control de la producción sin la reducción salarial. Es decir, que a mayor productividad, menos horas socialmente necesarias de trabajo. ¡Es indispensable romper con la conciliación de clases que plantea la 4T y las burocracias sindicales, y conquistar la independencia de la clase trabajadora para conquistar una reducción de la jornada a 35 horas, con 2 días de descanso, sin reducción salarial y control obrero de la producción!
Aumento salarial
El aumento al salario mínimo por jornada quedará para el 2026 en 315.04 pesos. Bajo este esquema, el pago al mes resulta en 9,582.47 pesos. Lo anterior representa un aumento en el 13% con respecto al 2025 y un 215% en el sexenio de Obrador y el primer año de Claudia. En términos nominales es real, el aumento no se generaliza automáticamente al resto de los salarios, es decir, que diversos sectores quedan fuera del control regulatorio pese a la aumento, sobre todo los sectores comercial y de servicios, así como el sector informal.
El gobierno cuida que el alza no afecte la “estabilidad”, es decir, la rentabilidad del capital nacional y extranjero, mediante la garantía del poder adquisitivo, sin cuestionar la línea de producción que se equilibra sobre el salario. Es decir que, que la inflación no supere el poder adquisitivo (apuesta de la 4T) la línea de producción año con año aumenta y esta sigue sin regularse. Así, el salario mínimo opera como válvula de contención social, mientras la productividad crece, la inflación se ajusta a los intereses del gran capital y la riqueza se concentra. Los salarios de supervivencia no son justicia social: son la forma actual de contención social para administrar la crisis y la precarización.
Por un programa de la clase trabajadora frente al imperialismo
La fuerza de trabajo en México es de 60.3 millones de personas (de acuerdo con datos del INEGI) de ellos 27.2 millones tienen un empleo formal y 33.1 millones informal. Esto implica que 54.9% de los trabajadores del país no gozan de ningún tipo de protección social, de salud, de contratación u otras prestaciones. De estos 60 millones de trabajadores tan solo 5 millones están sindicalizados, pese a la reforma laboral del 2019 de “apertura sindical”. Quiere decir que cerca del 60% de la clase trabajadora en México presenta condiciones de precarización laboral, expresado en omisión de sus derechos.
El problema de fondo no es el aumento salarial o reformas en perspectiva de reducir la jornada laboral, sino que se plantean sin trastocar las ganancias del gran capital, traducidas en concesiones a la burguesía y un engaño para la clase trabajadora. Frente a la trampa de la conciliación de clase levantamos un programa de la clase trabajadora, oponiéndose a la subordinación de los trabajadores al charrismo sindical de la CATEM y CTM o al capital y al imperialismo: 1) Reducción inmediata de la jornada a 35 horas semanales con dos días de descanso y sin reducción salarial, 2) Escala móvil de horas de trabajo, que contemple repartir el empleo en ramas y empresas productivas para combatir la desocupación, 3) Escala móvil de salarios, que impliquen un aumento anual acorde a la canasta básica, 4) Planificación de la producción bajo control obrero: a mayuor producción, menos horas de trabajo sin reducción salarial, 5) Estatización de las jubilaciones del IMSS e ISSSTE que permita al conjunto de la clase trabajadora conquistar el derecho a la pensión digna.
Abajo el TMEC y el imperialismo
La ratificación del TMEC profundizará el carácter de México como semicolonia del imperialismo estadounidense este 2026. El nearshoring plantea relocalizar la producción o servicios a países geográficamente cercanos al mercado de consumo, en lugar de hacerlo en lugares muy lejanos, puntualmente de Asia, para reducir costos logísticos, mejorar la eficiencia, acortar cadenas de suministro, mitigar riesgos geopolíticos y facilitar la colaboración cultural y horaria. México y Centroamérica representa un destino principal para empresas del imperialismo estadounidense, debido a su proximidad y acuerdos comerciales y como forma de contrarrestar los acuerdos con China.
La lucha por la conquistas de los derechos laborales para la clase trabajadora necesariamente implica una política antiimperialista y socialista. No hay otra alternativa: un programa de conciliación de clase seguirá administrando la crisis, jamás plantean abolir la explotación. La conquista de la reducción de la jornada laboral sin concesiones a la burguesía y una escala móvil de salarios es inseparable de la movilización en las calles con independencia de clase.
Llamamos a construir un frente único de la clase trabajadora contra el TMEC y la burguesía nacional, con independencia de los de las burocracias sindicales como la CATEM y la CTM, que nos permita echar atrás el TMEC y avanzar en reformas en beneficio de la clase trabajadora sin concesiones al capital. La clase trabajadora requerimos romper con el frente popular que las burocracias de la 4T plantean como forma de administrar la crisis imperialista. Desde el Grupo de Acción Revolucionaria sostenemos: ¡Frente a la guerra interimperialista por el reparto del mundo, guerra contra la burguesía por menos explotación!



