Donald Trump desplegó un doble ataque este 2026, en América Latina y Medio Oriente. La invasión a Venezuela el 3 de enero, culminando con el secuestro de Maduro y subordinado a la sucesora presidencial, Delcy Rodriguez. Posteriormente se bombardeó la capital iraníe el pasado 28 de febrero resultando el asesinato de ayatola Khamenei, máximo lider espíritual y político en Irán; los asesinatos se extendieron contra miembros de su gabinete y miles de civiles, concluyendo en una guerra regional. Las víctimas de la guerra son principalmente civiles inocentes iraníes y libaneses, más de 5000 personas masacradas en casi dos meses de la guerra.

Ataque al edificio Zona de Liderazgo, el 28 de febrero del 2026 en Teherán
La Operación Furia Épica de Donald Trump en Irán no concluyó en la caída del régimen de los ayatolas, ni por medios militares ni por una insurrección popular. El presidente republicano esperaba una operación rápida y efectiva, replicando su victoria en Venezuela, sin embargo, pese a todos los ataques la Guardia Revolucionaria Islámica se sostiene y mantiene ataques no sólo a bases de Estados Unidos, sino a Israel y todas las naciones aliadas del imperialismo en Medio Oriente.
Israel extiende sus ataques contra el Libano, con bombardeos y avances militares, generando un desplazamiento forzado de aproximadamente un millón de libaneses. Israel justifica sus ataques bajo el pretexto de confrontar a un diezmado Hezbolá. Paralelamente en Cisjordania los colonos sionistas cazan a la población palestina para invadir territorios. El Líbano, Cisjordania y Palestina son masacrados por el expansionismo sionista para la conformación del “Gran Israel”. La política sionista es la política de exterminio y colonización, provocando miles de muertes de población inocente en Medio Oriente.
La guerra se ha centralizado en el estrecho de Ormuz. Irán controla este paso, deteniendo el 20% del flujo petrolero internacional. El alza de los precios internacionales del petróleo afecta a todo el comercio internacional, particularmente en la subida de los precios de combustibles y alimentos. Trump para reabrir el estrecho sólo tiene dos vías: negociación diplomática con acuerdos de paz o el control militar territorial. La diplomacia entre Washington y Teherán se mantiene estancada, con pocas posibilidades de concluir en un acuerdo debido a que Trump tendría que ceder en las negociaciones lo que se traduce en aceptar su derrota.

Imagen elaborada por La Jornada
Esta guerra representa un síntoma de la crisis imperialista, su incapacidad por revertir esta tendencia y la profundización de la misma. La guerra en Medio Oriente no implica una simple guerra regional, es un indicador de la tendencia a una guerra mundial. También representa un límite en la política imperialista de guerra de Estados Unidos, sus retrocesos en territorios ocupados como Irak y Afganistán, la disminución de su participación en el PIB mundial, el aumento de su deuda y el desplazamiento del dólar en la economía mundial.
Al interior de los Estados Unidos las propias masas se manifiestan en contra de Donald Trump, rechazando la guerra en Medio Oriente y el uso militar para el control social interno. Con las movilizaciones de “No Kings” salieron 8 millones de personas en este país para repudiar la política de guerra y control de Trump. Esta tendencia de repudio a los republicanos presagia una eventual derrota en la elección intermedia en noviembre del 2026.
Los fracasos en el ámbito militar frente Irán y la pérdida de legitimidad interna no significa una derrota total de Donald Trump. El republicano se mantendrá en el poder asediado por el congreso ante las acusaciones del archivo Epstein. La fortaleza de Trump se mantendrá en el uso estatal del poder militar y las tendencias de las políticas fascistoides con la instrumentalización de ICE. También centrará su atención en América Latina dado que la región se ha convertido en un bastión central de la ultraderecha imperialista.
América Latina: la crisis del “progresismo latinoamericano” y el avance de la ultraderecha trumpista
Trump agrupa a 12 países latinoamericanos en El Escudo de las Américas: Chile, Argentina, El Salvador, Ecuador, Bolivia, República Dominicana, Paraguay, Costa Rica, Panamá, Honduras, Guyana y Trinidad y Tobago. El objetivo es la reedición de la guerra contra las drogas a nivel continental pero con el montaje antiterrorista, agregando, que los países deben aumentar su gasto militar para este objetivo, lo cual representa una enorme ganancia para los capitalistas propietarios del complejo militar-industrial en Estados Unidos.
La guerra contra los “narcoterroristas” otorga al imperialismo un instrumento para legitimar su intervencionismo en la región. El bombardeo a Caracas y el secuestro de Nicolas Maduro el pasado 3 de enero es un ejemplo de esta forma de intervención. Los últimos tres países del “progresismo latinoamericano” son acusados de narcoterrorismo: México, Colombia y Brasil. El caso brasileño y colombiano tiene elecciones presidenciales este 2026 y la intervención de Donald Trump en los comicios se expresa con acusaciones de vinculaciones con grupos criminales. En el caso de Gustavo Petro, presidente de Colombia, está bajo investigación de la DEA con una tendencia abiertamente injerencista para golpear al dirigente del Pacto Histórico; la derecha colombiana aprovecha esta cobertura de acusaciones estadounidenses para posicionarse electoralmente.
El llamado “progresismo latinoamericano” experimentó la derrota de sus principales bastiones en Ecuador, Bolivia y Venezuela. Estos retrocesos expresan los límites de las políticas nacionalistas que no trastocan las ganancias del capital, sino, meramente administran la crisis capitalista. Estas lecciones históricas no son comprendidas por los actuales dirigentes progresistas: Lula da Silva en Brasil constituye un Frente Amplio mediante pactos con la derecha golpista, generando un programa centrista; en el caso de México el régimen de la Cuarta Transformación integra a los llamados “chapulines” (políticos de partidos de derecha) bajo el pretexto de la gobernabilidad y obtener garantías electorales, de facto implementaron un Frente Amplio, igualmente negociando y pactando con el imperialismo y la burguesía, generando un programa político que antepone las necesidades de la burguesía por encima de las necesidades de la clase trabajadora.
La Cuarta Transformación frente al imperialismo
La Cuarta Transformación mantiene una posición de integración y subordinación de México frente a los Estados Unidos, dado que, mantienen el TMEC. La dependencia económica mexicana al capital imperialista continuará con el régimen de la Cuarta Transformación. Marcelo Ebrad, secretario de Relaciones Exteriores, afirma que la renovación del TMEC se mantendrá en 2028. La dependencia económica responde a los intereses de la burguesía mexicana, la cuál es un apéndice del capital extranjero.
Particularmente estas semanas Claudia Sheinbaum abre la discusión sobre la posibilidad de utilizar el fracking, bajo el pretexto de contrarrestar la dependencia del gas estadounidense que importa México; cuestión totalmente falaz, si existiera un verdadero interés por romper la dependencia energética sería necesario una programa de re-nacionalización petrolera y del sistema eléctrico. El interés por el fracking es abrir la inversión del capital privado en la explotación de gas, no romper con la dependencia energética.
El programa de MORENA es de conciliación de clase, otorga demandas parciales para la clase trabajadora, como el aumento al salario mínimo y los programas sociales, sin embargo, el límite político es no trastocar al capital privado. La perspectiva de re-nacionalizar las Afores y reestructurar un sistema de pensiones solidarias, como plantea la CNTE, no existe en las posibilidades del oficialismo y se limita al fideicomiso de las pensiones del bienestar que sólo aminora una problemática estructural sobre los fondos de retiro de la clase trabajadora. Tampoco el planteamiento de una reforma fiscal que recaude impuestos al gran capital es una política posible en la Cuarta Transformación, ni una jornada laboral semanal inmediata de 40 horas, cinco días de trabajo con dos de descanso.
Pese a las contradicciones de clase del frente amplio, MORENA logró afiliar a 12 millones de personas y constituir más de 71 mil comités de militantes (en cada sección electoral). Las expectativas que depositaron las masas en este partido les valió en la elección de 2018 unos 30 millones de votos y en 2024 casi 36 millones de votos. Las masas tienen una alta expectativa con MORENA, las concesiones salariales y programas asistencialistas explican el respaldo popular, por otro lado, existe una gran desconfianza por los “chapulines” que se sumaron al Frente Amplio en México. Las elecciones intermedias de 2027 expondrán la tendencia de la política frentista de MORENA.
¡Preparar la Acción Revolucionaria!
El imperialismo no dará concesiones en México, su objetivo es implementar un régimen completamente subordinado, pro imperialista y que desarrolle un programa anti obrero. La muerte de dos agentes de la CIA en Chihuahua expresa la alianza entre la oposición de derecha mexicana y el imperialismo. El Partido Acción Nacional presenta una política de intervención militar yankee en México. En este escenario MORENA no prepara posiciones anti imperialistas, no explica las posibilidades reales de una intervención estadounidense ni construye un programa económico que rompa con la dependencia de México con los Estados Unidos, su éxito electoral les convierte en ceguera la diplomacia, olvidan las herramientas de organización y movilización popular.
Desde el Grupo de Acción Revolucionaria hacemos un llamado a la clase trabajadora para constituir núcleos de organización militante que discutan las posiciones estratégicas para la construcción de un programa de lucha revolucionaria. Debemos construir un Frente Único que permita romper con el TMEC, es vital romper el Tratado de Libre Comercio para quebrantar los límites legales impuestos a México desde Estados Unidos. Luchemos por conquistar la renacionalización de las Afores y constituir un sistema solidario e intergeneracional de pensiones mediante la derogación de la Ley del ISSSTE del 2007 y del IMSS de 1997. También hacer efectiva una ley de jornada laboral semanal de 40 horas. Construir un sistema nacional de ciudadanos que verdaderamente permita emancipar a las mujeres de las labores domésticas.
Es fundamental desarrollar un trabajo de propaganda efectivo en todos los espacios organizados de la clase trabajadora, plantear un programa socialista, la perspectiva del análisis del marxismo revolucionario, proponer la construcción de un partido con independencia de clase, sin conciliación con la burguesía y con una perspectiva internacionalista y antiimperialista.



