El gobierno de Abelardo de la Espriella con total cinismo muestra una puesta en escena sobre un proyecto absolutamente servil a los intereses de Estados Unidos e Israel. A nivel local se traduce en atracción a viejos personajes de la política tradicional, nepotistas y un vergonzoso espectáculo mediático: entre medidas insuficientes para enfrentar la crisis social producto del pasado terremoto, hasta la exposición de los “golpes contra la delincuencia” con asesinato de civiles totalmente inocentes con casos de falsos positivos.
La política de la Espriella es anti derechos y en contra de la clase trabajadora y los sectores populares. No solamente han buscado tumbar los pequeños avances de la reforma laboral de Gustavo Petro, también amenazan con endeudar más al Estado con el Fondo Monetario Internacional, levantar los impuestos contra los productos ultraprocesados y retomar la aspersión del glifosato frente a los cultivos ilícitos.
De la Espriella se vende a sí mismo como un “Bukele colombiano”, bajo este pretexto envalentona a grupos paramilitares, la policía y el ejército. Esto ha llevado nuevamente a recrudecer el conflicto armado en el país y dar pie a violaciones flagrantes a los derechos humanos.
En este contexto que se dió el asesinato Ricardo Andrés Rodriguez Martinez a manos de agentes del ejercito en un operativo militar en Santa Marta (Bolivar). Esta operación lo que sí hizo fue provocar un caos en la ciudad por la respuesta de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra, que provocaron el terror entre sus habitantes.
Otro sector amenazado por de la Espriella son las universidades; desde la presidencia se ha prometido pasar por encima de la autonomía universitaria, con la excusa de acabar con los “grupos insurgentes” que se resguardan en las instituciones educativas. Este discurso estigmatizante genera una enorme preocupación hacia el grueso de la comunidad universitaria, quienes temen una intervención militar y policial con el único motivo de reprimir a estudiantes, docentes y trabajadores organizados. La indignación universitaria se ha traducido en una respuesta contundente por parte del estudiantado de las IES públicas del país, quienes hacen un llamado a la defensa de las universidades.
Esta amenaza resulta de mucha gravedad, pues en Colombia existe un crudo antecedentes de represión en casos históricos como el 16 de mayo de 1984 en el cual el ejército y la policia ingresaron a la Universidad de Colombia para asesinar, detener, violar, torturar y desaparecer a un numero indeterminado de estudiantes de dicha institución. Como antecedente durante el gobierno de Alvaro Uribe Velez el escuadrón móvil antidisturbios fue autorizado a entrar a la misma universidad, donde violentó y capturó a varios estudiantes que protestaban contra su gobierno. Y así varios casos a lo largo de la historia donde la violencia contra los estudiantes ha sido la norma.
En Bogotá y Medellín recientemente se han realizado movilizaciones abiertamente contra este gobierno, como muestra de resistencia y dignidad frente a la amenaza que enfrenta la clase trabajadora, los sectores populares y la vida misma en el país. Por ello las universidades se están organizando y articulando con otros sectores del movimiento social de cara a la jornada de protesta convocada para el próximo 14 de octubre por las principales centrales obreras del país.
Desde el Grupo de Acción revolucionaria de México expresamos nuestro completo apoyo y solidaridad para con nuestros camaradas de clase en Colombia, en particular al movimiento universitario, los sindicatos combativos, las organizaciones políticas hermanas y los sectores populares organizados que le están haciendo frente a los golpes de la reacción con determinación y espíritu combativo.
Como organización nos sumamos al llamado del movimiento de resistencia colombiano. Denunciamos la política criminal que actualmente el Estado colombiano genera en contra de la población. Llamamos a las organizaciones combativas de México a realizar ejercicios de presión en los consulados colombianos por medio de mítines y acciones de protesta. No podemos bajar la guardia frente al gobierno colombiano y todas las fuerzas de extrema derecha que hoy buscan consolidar su poder en sudamérica y toda América Latina con el apoyo de Estados Unidos. Cosa que los de abajo no podemos permitir.
Debemos sumar fuerzas y generar una mayor articulación internacional, pues la clase obrera es una y sin fronteras, por lo que solo con la lucha organizada se podrá hacer frente a los intereses de la burguesía y sus gobiernos autoritarios que amenazan la vida en todo el continente y el mundo.



