¡Frente a la guerra del capital, construir un movimiento anti imperialista!

La reciente Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas realizada el 26, 27 y 28 de septiembre escenificó en una tribuna el voltaje de nuestro tiempo. Entre la impunidad de la delegación sionista que niega el genocidio que cometen con total cinismo, el rechazo de visas que impidió el acceso de la delegación palestina y distintas manifestaciones de los conflictos internacionales, Donald Trump emerge como el actor central en el teatro de las Naciones Unidas. El republicano fiel a su estilo gansteril expresó al respecto de la guerra iranie: “Se hará un trato con Irán que les permita reconstruir […] O aniquilo a la República Islámica y lo hago rápidamente”. Trump en cualquiera de estos escenarios no tiene la capacidad de cumplir estas afirmaciones.  

Pactar la paz con Irán representa aceptar la derrota del trumpismo en su aventura en Medio Oriente, ésto sólo podría concluir con la absoluta pérdida de credibilidad de un gobierno de por sí en crisis. Mientras que aumentar las posibilidades de una victoria militar únicamente puede lograrse con una invasión masiva de militares estadounidenses. Es fundamental señalar este hecho específico para explicar el rol fundamental de la lucha de clases: a diferencia de la invasión de Irak, la guerra de Irán es completamente impopular, las mismas masas estadounidenses repudian el genocidio palestino y cuestionan la alianza de Estados Unidos con Israel.  

La clase trabajadora estadounidense no está dispuesta a enviar a sus hijos a la carnicería que representa la guerra imperialista. Por el momento los halcones trumpistas únicamente pueden observar impotentemente la capacidad de respuesta de los militares iraníes. La Guardia Revolucionaria Islámica ha soportado los embates estadounidenses y sionistas, además, mantiene el cierre del estrecho de Ormuz y con los ataques de las milicias hutíes en Arabia Saudita se concluyó en el cierre del estrecho de Bab el-Mandeb.  

El efecto económico del cierre de los estrechos en medio Oriente fue inmediato: subida en los precios internacionales del petróleo, por tanto, subida en costos generalizado de mercancías. La crisis se resiente en el bolsillo del votante estadounidense, quienes abandonan masivamente al Partido Repúblicano en elecciones que se presenten. La tendencia indica una derrota electoral en las elecciones intermedias el próximo 3 de noviembre, el costo para los republicanos es la pérdida de las dos cámaras de representantes. 

Los más optimistas defensores de la democracia burguesa consideran que la próxima coyuntura electoral estadounidense puede significar un freno al gobierno de Trump. Justamente este tipo de posiciones no comprenden el voltaje de nuestra época. Donald Trump emprende acciones proto fascistas debido a que la estructura institucional que construyó el imperialismo en las últimas tres décadas ya son incapaces de sostener la hegemonía de los Estados Unidos sobre todo el mundo, la vía de supervivencia para el imperialismo es la guerra. 

América Latina es el principal testigo del avance del grado de agresividad del imperialismo para asegurar su subsistencia. Posterior a la invasión de Venezuela -ocurrido el 3 de enero-, la revolución bolivariana únicamente puede ofrecer una figura de termidor con Delcy Rodriguez, actual presidenta venezolana, quién se reunió el 22 de septiembre con Donald Trump. La mandataria venezolana durante su estancia en New York omitió cualquier declaración sobre el secuestro de Nicolás Maduro o la invasión estadounidense contra su país. La única agenda en el régimen venezolano es la entrega del petróleo a los estadounidenses y prometer una transición de gobierno mediante elecciones.    

Cuba representa el siguiente gran objetivo de Donald Trump y así lo hizo público durante la asamblea de la ONU. Trump reconoce que el bloqueo energético contra la isla genera “una gran presión y sometimiento” con el objetivo de concluir en el derrocamiento del régimen de la revolución cubana. El bloqueo arrastra al pueblo cubano a condiciones degradantes y de total miseria. Los otros países acechados por el repúblicano son Brasil y México. En el gigante sudaméricano se disputará la presidencia en la primera vuelta el siguiente 4 de octubre y en caso que ningúna candidatura logre el 50% del voto se realizaría la segunda vuelta el 25 de octubre.   

La disputa por la presidencia se da entre Lula del Partido de los Trabajadores y Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y quien está preso por intentar dar un golpe de estado. Como en otras elecciones latinoamericanas, el injerencismo estadounidense inclina la balanza hacia los candidatos que generen mayor grado de subordinación frente al imperialismo, en el caso de Brasil no es la excepción: imposición de aranceles 37.5% a los productos brasileros que exportan a Estados Unidos; expulsión del embajador brasileño en territorio estadounidense; la catalogación de terrorismo contra las mafias brasileñas; exigencia de mejores tratos en acuerdos para la extracción de minerales raros. Estas agresiones han servido a la campaña de Lula, agrupando a su electorado en la defensa de la soberanía brasileña. Lamentablemente el Partido de los Trabajadores únicamente contempla la batalla electoral, frente a la embestida imperialista se contiene a las masas que podrían profundizar un movimiento anti imperialista. 

En el caso de México nuevamente es acusado de narcoterrorismo. El republicano en su discurso en la ONU expresó que el territorio mexicano es “epicentro de los cárteles” en el hemisferio, comparando a las mafias mexicanas con ISIS. Nuevamente acusa al gobierno de Sheinbaum por su incapacidad de controlar su propio territorio. Tampoco es novedosa la amenaza de Trump sobre evaluar una incursión militar en México. Estos amagos representan la injerencia en la opinión pública mexicana para intervenir en las elecciones intermedias de 2027. Con el retiro de visas a varios funcionarios de gobierno pertenecientes a MORENA, entre ellos al hijo del ex presidente López Obrador, o las acusaciones por narcotráfico hacía Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa. 

MORENA, al igual que el Partido de los Trabajadores de Brasil, frente a las embestidas del imperialismo convoca a las masas a su parálisis, que abandonen las calles, que confíen en las cúpulas burocráticas de sus partidos y que sólo asistan a las elecciones para votar por sus candidatos. La gran amenaza que representa el imperialismo en esta etapa actual no representa en absoluto una necesidad para el reformismo de levantar un movimiento anti imperialista. Votar por los representantes reformistas no significa votar por una política contra el imperialismo, al contrario, la dirigencia reformista intenta negociar con el mayor margen posible. 

La tarea histórica que tenemos en el presente es construir un verdadero movimiento anti imperialista que combata el avance de la guerra del capital que se impone por todo el mundo. Este objetivo únicamente puede conformarse con organizaciones de la clase trabajadora con independencia de clase. Las direcciones reformistas en América Latina han demostrado que prefieren ser derrotados por la ultraderecha trumpista antes que renunciar a sus pactos con las burguesías nacionales. 

Frente a este escenario desde el Grupo de Acción Revolucionaria nos movilizamos para impedir la renovación del TMEC, en contra de la explotación de fracking en el país, denunciando la guerra que se presenta en Medio Oriente, contra el genocidio en Palestina, contra la avanzada imperialista en Venezuela y Cuba. Sólo el movimiento de la clase trabajadora en las calles puede detener la guerra del capital.