Frente a la profundización de las desigualdades sociales, avance de discursos reaccionarios y recrudecimiento de las violencias patriarcales, el movimiento feminista enfrenta el desafío urgente de reconstruir la articulación colectiva, la movilización y la lucha social desde las calles. Desde Rosas Rojas afirmamos que a pesar de las diferencias políticas, estratégicas y teóricas que existen entre los distintos espacios feministas, persisten objetivos comunes que nos atraviesan como lo son la erradicación de la violencia contra las mujeres y niñas, la lucha contra la explotación de nuestros cuerpos, la lucha por nuestros derechos reproductivos, la defensa de condiciones de vida dignas y la transformación profunda de las relaciones sociales que sostienen la desigualdad.
En los últimos años nos enfrentamos a la desmovilización generalizada del movimiento de mujeres en las calles, la fragmentación de nuestro movimiento y el aislamiento entre organizaciones feministas. Esto ha debilitado nuestra capacidad de incidencia en muchos sectores de la sociedad. Mientras tanto, el patriarcado y el capital, consolida su poder no solo desde las instituciones y los mercados, sino también desde la producción de subjetividades, imponiendo una visión del mundo que normaliza la violencia, la mercantilización de los cuerpos y la subordinación de las mujeres.
Para el movimiento de mujeres en México debemos apostar a reorganizar, movilizar y nuevamente salir masivamente a las calles. La organización y la presencia en las calles implica conquistar el espacio público, político y simbólico, para confrontar a quienes sostienen y reproducen la desigualdad. El movimiento feminista nació y se fortaleció en la acción colectiva, y es allí donde conserva su capacidad de transformación.
Desde Rosas Rojas planteamos la conformación de un frente entre las organizaciones feministas que continúan apostando por la movilización social en el espacio público como eje estratégico para fortalecer el movimiento y sostener una agenda común de lucha, un espacio de trabajo común que permita coordinar acciones, sostener luchas compartidas y fortalecer la presencia política del feminismo en el panorama social actual. La conformación de este frente no implica la negación de las diferencias ni la homogeneización de posiciones políticas entre organizaciones, sino que implica el reconocimiento de que existen puntos de acuerdo suficientes para actuar colectivamente.
Como organización feminista y socialista, desde Rosas Rojas sostenemos una mirada crítica sobre las formas en que el sistema capitalista mercantiliza la vida, los cuerpos y las relaciones humanas, y desde allí desarrollamos una perspectiva abolicionista. Al mismo tiempo, entendemos que la construcción de mayorías políticas requiere diálogo, voluntad de encuentro y la capacidad de articular luchas comunes aun desde posiciones diversas.
Trabajar en conjunto implica reubicar los debates en cuanto a los posicionamientos políticos dentro de un marco de respeto y compromiso con la lucha común. Significa también reconocer que ninguna organización, por sí sola, puede enfrentar estructuras de poder del patriarcado y el capitalismo. La historia de los movimientos sociales demuestra que los avances más significativos han sido fruto de la acción colectiva y la organización amplia. No podemos permitir que el movimiento feminista siga perdiendo fuerzas, como se ha visto con la des-movilización social de los últimos años. Hoy más que nunca, el feminismo necesita recuperar la potencia que tuvo en años previos, su anclaje en las condiciones materiales de vida y su capacidad de movilizar a las masas. La conformación de un frente feminista activo es un paso en esa dirección como una herramienta para seguir luchando.
Desde Rosas Rojas hacemos un llamado abierto a las organizaciones feministas a encontrarnos, reconocernos y construir juntas un espacio común. Porque frente a la explotación, la violencia y la desigualdad, la unidad en la lucha organizada y la movilización en las calles es una necesidad política.



